¿Estoy lista para casarse? ¿Casarse o no casarse?

 

Cuando el asunto es matrimonio normalmente hablamos sobre el vestido de novia, el té de cocina o la luna de miel, pero después de que la fiesta termina y los invitados se van? ¿Cómo saber cuándo está lista para afrontar el día a día de la boda?

En primer lugar necesitamos volver un poco en la historia para entender la visión de matrimonio en los días actuales. Antiguamente las mujeres eran criadas para ser buenas esposas y madres, hacían cursos de prendas domésticas, corte costura entre otros. El noviazgo tenía sus restricciones y casar virgen era una regla. Pocísimas mujeres continuaban sus estudios e iban a la Facultad. En fin, el hombre era el proveedor de la casa y la mujer era dependiente financiera y emocionalmente. La separación raramente sucedía y era vergonzosa. Con las I y II Guerras Mundiales las mujeres tuvieron que asumir la posición de los hombres en el mercado de trabajo ya partir de entonces fueron conquistando cada vez más su independencia. El matrimonio dejó de ser obligación de ser una opción, entonces surge el matrimonio por amor. Entonces, ¿cómo podemos justificar el alto índice de separación en los días actuales? Llegamos al primer punto de nuestra cuestión, sólo el amor no basta.

Sin duda no hay una edad cierta o una prueba para saber cuándo una mujer está lista para casarse. Lo importante es evaluar las expectativas que involucran el matrimonio, principalmente porque desde niño estamos condicionadas a escuchar historias de príncipes y de sus caballos blancos y que de que “fueron felices para siempre”, pero en un matrimonio no existe un príncipe (ni una rana) y mucho menos una princesa que necesita a alguien para salvarla, son sólo dos personas con sus cualidades y defectos y es imprescindible tener conciencia de los defectos y al menos saber tolerarlos.

Recuerdo una vez una amiga diciendo que “no veía la hora” de casarse, estar con la persona amada y hacer el amor todos los días. A pesar de que el matrimonio es la consecuencia del noviazgo, las dos son situaciones muy diferentes, el matrimonio impone una rutina que escapa de los patrones románticos, pero que son básicos para la supervivencia de cualquiera, tales como: hacer comida, limpiar la casa, lavar ropa, pasear, hacer compras, pagar las cuentas, etc. No estoy afirmando que el romanticismo y el sexo terminan después del matrimonio, pero hay que tener conciencia de que en el día a día existe el levantar temprano, trabajar, estudiar, arreglar la casa, el cansancio, el “ahora no quiero hablar con nadie”, “Ahora quiero estar solo”, y que a menudo no se percibe durante el noviazgo, principalmente porque muchas parejas sólo se ven el fin de semana.

Ciertamente, el matrimonio es un nuevo capítulo en la historia de nuestras vidas, está lleno de páginas en blanco que se llenará poco a poco. Muchas mujeres en las vísperas del matrimonio se sienten inseguras de salir de la casa de los padres e iniciar esa “nueva fase”, esa inseguridad es comprensible, y debe ser lidada con mucha tranquilidad y como ya hablamos mucha conciencia del futuro. El matrimonio nos ofrece un compañero para estar con nosotros escribiendo la historia de nuestra vida, muchas veces el camino será mal, lleno de piedras y obstáculos, a veces hará sol, a veces será cansado y las veces ustedes tendrán que sentarse y descansar, importante es que tendrán el uno al otro para apoyarse y amarse.

Temas: Familia

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